Al reverendo Takata, casi siempre, lo he encontrado en mis sueños.
No sé dónde más podría uno hallarlo, ni de alguien que lo haya hecho en la vigilía.
Todas las veces, su rostro añade un toque ominoso a mis visiones.
No importa si me encuentro al centro de un huracán, navegando en aguas ligeras, o volando muy por arriba de las ciudades. Cuando llega a mis ensueños, el reverendo añade elementos que transforman mis pesadillas en territorio de infiernos.
Nunca perdonó el hecho de que me ganara la vida levantando sombras. Contando las historias que guardan para calentarse un poco, a la orilla de las aguas turbias.
El silencio, no otra forma, me anuncia que el juicio está en curso.
Se me pedirán cuentas de mis acciones. Y mi castigo será terrible...
Convenciones
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Quizás ustedes no lo sepan, pero existe un estilo —aunque yo lo llamaría
manía— de ponerle “Con” al final del nombre de cualquier convención.
Es decir: ...
2 weeks ago
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