Me sé vestido con una armadura escarlata y blanca.
A mi alrededor, un campo con pastos muy verdes, esmeraldas casi, y construcciones de madera.
Avanzo, con la espada desenvainada (tengo la espada en la mano), y lanzo tajos a izquierda y derecha.
Mis enemigos, invisibles hasta el momento del corte, caen, uno tras otro.
Sigo mi avance, y llego a la orilla de las aguas.
El mar está en tempestad. Las olas, de agua revuelta, ocres, se revuelven contra sí mismas y son más altas que la tierra.
Todo está amenazado por la furia del mar, y de un momento a otro se tragará la tierra.
Subo a un promontorio (un filo de tierra que se yergue contra el estruendo).
Con la espada en alto, mi voz se eleva hasta desafiar el rugido de las aguas.
Rituales de fin de semana
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Al menos en México y hasta hace varios años, existía una costumbre la cual
consistía en levantarse temprano los días domingos para ver un programa de
te...
1 year ago
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