En mis manos tengo la pluma fuente, la que perteneció a mi padre.
Es una pluma de escritorio, con la forma de un manguillo, la mitad de la pluma es de plástico negro, y la otra es de plástico transparente.
Juego con ella, manipulando el fino objeto, hasta que comienza a desdoblarse en una cantidad enorme de objetos distintos. Poco a poco, el escritorio va recibiendo los pedazos transformados, hasta que se satura el espacio.
Todos ellos son traslúcidos. En mi mano toman forma pájaros, armas, hombres, el universo y sus formas se desenvuelven frente a mi vista. De repente llega la revelación, y con ella el miedo.
Antes de despertar, la pregunta resuena en mi cabeza: ¿Cómo puedo evitar que hombres invisibles esparzan el mal?
Convenciones
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Quizás ustedes no lo sepan, pero existe un estilo —aunque yo lo llamaría
manía— de ponerle “Con” al final del nombre de cualquier convención.
Es decir: ...
3 weeks ago
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