Tuesday, May 05, 2009

Dámocles

Se abolieron sus cadenas.
Así nada más, un día se cayeron. El agua que lo atormentaba simplemente quedó quieta.
Pudo saciar su hambre, y por primera vez, no pensó en el peligro arriba de su cabeza.
Asustado, volteó hacia los techos, y no vió la consabida hoja pendiente.
Fue saliendo poco a poco de sus prisiones milenarias.
Pudo moverse de nuevo entre los hombres, en un mundo que no comprendía.
El ruido, los olores, las cantidades de personas moviéndose, unas contra otras, fueron un nuevo tormento que no supo como enfrentar.
Ahora pasa los días encerrado.
Casi no come, y teme el contacto con el mundo exterior.
Extraña terriblemente la espada a punto de caer.

1 comment:

Marfila said...

Esta me recordó el fin de semana antepasado, un poco de lo que ví..... macabro y morbosamente bueno.