Tuesday, December 23, 2008

Sueño del mal invisible

En mis manos tengo la pluma fuente, la que perteneció a mi padre.

Es una pluma de escritorio, con la forma de un manguillo, la mitad de la pluma es de plástico negro, y la otra es de plástico transparente.

Juego con ella, manipulando el fino objeto, hasta que comienza a desdoblarse en una cantidad enorme de objetos distintos. Poco a poco, el escritorio va recibiendo los pedazos transformados, hasta que se satura el espacio.

Todos ellos son traslúcidos. En mi mano toman forma pájaros, armas, hombres, el universo y sus formas se desenvuelven frente a mi vista. De repente llega la revelación, y con ella el miedo.
Antes de despertar, la pregunta resuena en mi cabeza: ¿Cómo puedo evitar que hombres invisibles esparzan el mal?

Monday, December 22, 2008

Sueño del rostro en la multitud

De pie, entre la multitud que se concentra en plaza Tolsá, el reverendo Takata observa el atardecer.
Las sombras de Felipe IV y su caballo, se agigantan conforme el sol se oculta.
La claridad violeta circunda el aire, y las personas flotan cinco centímetros sobre el pavimento. Huele a cempazúchil, y hace cinco minutos, exactos, que es noviembre.
Las nubes del cielo se cargan con la luz rojiza púrpura de las horas en que la tarde se abre. Entre los rostros que se superponen, el reverendo Takata distingue uno. Le sigue con la mirada, hasta que el rostro llega frente a él.
El aire comienza a enfriar, levantando nubes de polvo que se hacen torbellinos, arrastrando a los transeúntes. Luego los torbellinos se hacen hombres, y arrastran más transeúntes, hasta que el estruendo del silencio es insoportable.
La violencia del aire arrecia, y el reverendo Takata reconoce el rostro de mi madre muerta.
Con la mayor calma y respeto, con los gestos propios de una ceremonia de té, Takata abre su gui, y mete dentro de su casaca el rostro de mi madre.
Hecho esto, el reverendo despliega los faldones de su hakama y se eleva, para montar junto a Felipe IV, y desaparecer hacia el ocaso.

Friday, December 19, 2008

Sobre y contra la censura

Mi maestro, Fernando Solana, escribe el día de hoy 19 de diciembre, sobre un incidente sucedido en Lagos de Moreno.
Fernando es profesor del plantel de la U de G en ese lugar. Y en días pasados se llevó a cabo un festival de contra-cultura (como bien lo señala Fernando, la contra-cultura es abrevar en la cultura reconocida, leer autores canónicos, romper con la monotonía y el pensamiento unilateral).
En el marco de este festival, se presentó La Congelada de Uva, una performancera conocida en el ámbito por sus escenificaciones (no sé cómo definir precisamente lo que ella hace) desparpajadas y con un alto contenido de material explícitamente sexual (enseña su vulva, pues).
Tras el evento, en el que La Congelada parodió Los monólogos de la vagina (irreverentemente, ya que en una obra que habla de las vaginas, extrañamente están ausentes vaginas drogadictas, vaginas alcohólicas, vaginas que rechazan, que engañan, etcétera, etcétera, pero el tema no es analizar la aséptica obra feminista, aunque cabría preguntarse: ¿qué, ésas no cuentan?).
Como sea, el evento desató al México mocho, retrógrado y ultra-conservador que se niega a entender que el siglo XXI, con su carga de horrores y espectáculos pseudo-contestatarios, está instalado de pleno en México.
Lo que importa aquí es analizar el por qué ciertas autoridades, si no es que todas (aunque se arropen en el discurso de libertad de expresión, mentalidad abierta, etc.), se creen depositarias y custodias de éso, que a falta de un marco conceptual adecuado, llamamos las "buenas costumbres".
Tarde o temprano, los gobernantes, sin importar que tan importantes o insignificantes sean, encuentran que ante su total falta de resultados para mejorar las condiciones de vida de sus gobernados (sus jefes en realidad), encuentran efectivo azuzar el miedo a ciertas cuestiones reprimidas y tachadas de tabú.
Pueden, perfectamente, elevar la voz ante un espectáculo ofrecido en un centro cultural, un escenario, o el cine. Pero no hacen absolutamente nada para detener la oleada de pornografía infantil que puede ser adquirida en los puestos de tianguis ambulantes.
Aclaremos: no soy un cruzado anti-pornografía, es una industria que provee un material o producto específico ( se puede estar de acuerdo o no en este tipo de mercancía), y que genera derramas económicas importantes (entre muchos tipos de derrama).
Dos adultos que consienten, por su propia voluntad, sin ningún tipo de coerción, a ejercer su sexualidad ante las cámaras, y después ser observados por multitudes (quienes ejercen el derecho a observar este tipo de material, aunque otros no estén de acuerdo), no pueden ser tachados de criminales.
El problema viene cuando estos materiales son producidos en las mafias de trata de personas.
La sexualidad, incluso la que se ejerce en la pornografía, es una de las manifestaciones más altas de nuestra libertad.
Implica el derecho que tenemos sobre nuestro cuerpo, y el derecho a compartirlo con otros, de la manera en que mejor nos parezca y convenga. Aunque se tache de cosificación el hacerlo por dinero.
Como todo derecho, implica una toma de conciencia, una reflexión sobre nuestra más íntima subjetividad: quién soy, qué quiero, qué me gusta.
El violentar esa determinación y forzar a las personas (hombres, mujeres, niños) a ejercer una sexualidad que vaya en contra de su voluntad, es inexcusable.
Y las autoridades saben, conocen, los puntos de venta de tales materiales.
Materiales "piratas", materiales obtenidos sin el consentimiento de los involucrados y, en muchos casos, obtenidos a la fuerza. Pero que extrañamente siguen circulando, fácilmente al alcance de jóvenes y niños, y sin que la fuerza pública irrumpa en los lugares donde tal mercancía se almacena. Son estas autoridades las que se indignan contra toda manifestación de la libre expresión, y son también las que, por temor o complicidad, no molestan los intereses de grupos delictivos.
Y sí, como dice el diputadete local Treviño, “A mí no me importan las leyes cuando se trata de defender los valores y las buenas costumbres de los laguenses”. Les valen madre.

Thursday, December 18, 2008

La cuenta pa' trás del 2008

En el año que todavía no termina, hubo muchas cosas que se quedaron o se fueron de nuestro lado (pero todos los años son igual).
Para mí este año me dejó:

Amistades reforzadas
Mi pareja y su gran amor
Mi escritura
Ideas para nuevos textos
El chingadazo que le acomodé a mi coche
Facturas por las averías del auto (pendejo)
Mis deudas sin cancelar
Quizá no conocí a personalidades famosas, pero conviví con grandes personas
Unas crudas de órdago (¡¡¡¡¡¡¡¡¡Cristito!!!!!!!!)
Unas borracheras de gobernador poblano
Pero no soy el héroe de la película gacha, y el coñac me saca granitos
Reforzar la idea de que no soy una buena persona
Descubrir que, a pesar de lo anterior, soy querible (ja)
Un trabajo
Cinco poemas publicados (aunque no los he visto)
Un libro que aumenta día a día
Reencuentros gozosos
Música
Leer mis libros (en lugar de solamente acumularlos)
Otra vez Cien años de soledad
Mejor aún: Borges, obsesivamente
Películas: Recortes de mi vida, Todos los caminos llevan a casa, Hellboy, entre las pocas que alcancé a ver
Despedir a Alejandro Aura (me gusta su poesía, carajo)
Música de Clavecín
Sonatas de Beethoven y Bach
Algo enorme, como el silencio, en mi interior
Una casa enorme y vacía donde, algunas veces, conocí algo como felicidad
Cenizas
Algunas fotos de mi madre, que ya no recordaba
El peso de su devastadora ausencia
Ahora sí: todos mis muertos juntos

Wednesday, December 17, 2008

La necedad de la escritura

Se me ocurre persistir en la escritura.
Quizá porque no tengo nada más, porque dilapidé mis oportunidades de llevar una vida normal, porque nunca he querido ser normal.
¿Es válido porfiar tanto en la realización de una idea?¿Y qué busca uno con ella?
Alguien me sugirió que busco reconocimiento en mi escritura. Que busco una validación de las demás personas por lo que hago, por lo que escribo.
En mi caso, el reconocimiento es algo tangencial. Es decir, no es el objetivo principal de mi escritura.
Como dijo José Emilio Pacheco, en nuestros primeros intentos queremos que se nos reconozca, se nos alabe, se publique y, si es posible, que se nos pague.
Escribir es un acto de sobrevivencia, para mí en lo personal; escribir fue la forma en que pude sacar, no sé si parcialmente, la tristeza y la angustia que me permeaban.
Escribir es una manera de conectar mi experiencia interna, mi vivencia del mundo y lo que en él me ha tocado en suerte conocer.
El poema, es el puente que permite objetivar en una hoja de papel mi subjetividad. (Pero también, al escribir aquí, debería decir que el puente conecta dos ámbitos virtuales: el espacio de mi subjetividad y el espacio de la red, intangibles presencias que operan en el mundo).
Que se me reconozca o no, carece de importancia. Que sería algo deseable, y quizá anhelado, tengo que admitirlo. Pero el reconocimiento, como ya dije, es algo tangencial; lo que queda al escribir es un testimonio de mi paso por el mundo.
Y cuántos testimonios de esta naturaleza no se han extraviado en el tiempo.

Tuesday, December 16, 2008

El sueño del tigre

En el sueño, busco a una persona que en la vigilia hace mucho que no está a mi lado.
Nunca lo estuvo, en realidad. Pero en el sueño está junto a mí. El cuarto está iluminado con focos de luz cálida. Las paredes son de luz, verde, roja, azul.
En un momento dado, estamos bailando al compás de una música que no se oye, se siente.
De nuevo, la calle, la gente; está lloviendo y vamos a refugiarnos en lobby de un hotel, en donde se desarrolla una conferencia y el reverendo Takata es el ponente.
Todo se sucede de forma repentina: me encuentro solo, y voy hacia la puerta del salón, en ése preciso momento, algo, un tigre blanco, inmenso, con cabeza como león chino, con grandes muelas como sillares de edificios, se me va acercando. Los demás no parecen percatarse de la presencia del animal. Tengo miedo.
Pero al mismo tiempo ansío el contacto con el animal. Su boca se abre.
Al siguiente momento, su masa se encuentra encima de mí.
Y después avanzo hacia la puerta para escuchar la conferencia, más liviano, pero con algo nuevo en mi interior.

Tuesday, December 09, 2008

Nocturno de fin de año

Siempre quise escribir, te dije cuando todavía no éramos. Suspiros fuera de lugar.
No quedan sino lágrimas, respondiste, ¿qué podrías escribir de esa manera?
También hay estrellas, dije no muy convencido, para preservar nuestra mirada.
Pero están muy lejos, insistías, y nuestros brazos no alcanzan a abarcarlas.
Ya no mires hacia abajo. Y deja que tus manos las atraigan.
Después de eso, bajé mil años de manos y dejé de lado mi pluma.
Cavé mis ojos para poder verte más de cerca.
Hoy podemos comer tierra de Teotihuacán, la que haya sido pisada por todos los muertos.
Pudo ser, pensé como en voz baja, que las estrellas sean lágrimas fugaces que se despeñan de tus ojos.
En la tarde, se fraguaba una pintura de Tamayo. Algo querías gritarme, pero ya no abriste más tu boca.
Una puerta abierta hizo que te fueras dentro.
Tuve la certeza de no haber estado y dí un salto.
Pero también tu mano guardaba un palacio, vacío y sin paredes; ahí Almendrita perdió todo rastro de su improbable inocencia.
Alguien te preguntó un día, por qué los muertos no viven con nosotros.
Alguien te imagina desde otro lado.
Y fue cercano a ti, y te tuvo entre sus manos.
Pero sus dedos no alcanzaron a llevarte, y habitar entre los descarnados.