Tuesday, December 09, 2008

Nocturno de fin de año

Siempre quise escribir, te dije cuando todavía no éramos. Suspiros fuera de lugar.
No quedan sino lágrimas, respondiste, ¿qué podrías escribir de esa manera?
También hay estrellas, dije no muy convencido, para preservar nuestra mirada.
Pero están muy lejos, insistías, y nuestros brazos no alcanzan a abarcarlas.
Ya no mires hacia abajo. Y deja que tus manos las atraigan.
Después de eso, bajé mil años de manos y dejé de lado mi pluma.
Cavé mis ojos para poder verte más de cerca.
Hoy podemos comer tierra de Teotihuacán, la que haya sido pisada por todos los muertos.
Pudo ser, pensé como en voz baja, que las estrellas sean lágrimas fugaces que se despeñan de tus ojos.
En la tarde, se fraguaba una pintura de Tamayo. Algo querías gritarme, pero ya no abriste más tu boca.
Una puerta abierta hizo que te fueras dentro.
Tuve la certeza de no haber estado y dí un salto.
Pero también tu mano guardaba un palacio, vacío y sin paredes; ahí Almendrita perdió todo rastro de su improbable inocencia.
Alguien te preguntó un día, por qué los muertos no viven con nosotros.
Alguien te imagina desde otro lado.
Y fue cercano a ti, y te tuvo entre sus manos.
Pero sus dedos no alcanzaron a llevarte, y habitar entre los descarnados.

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